Por esa razón encontramos jóvenes con distintos fracasos sentimentales en sus vidas, pues en su búsqueda de la felicidad se apasionan con la primera persona que les habla de una manera distinta, les dibuja una sonrisa y por un momento sienten que es todo lo que buscaban en la vida, pero luego descubren diferencias que no son capaces de superar y es allí donde surgen las decepciones. Otros en cambio se refugian en las drogas y demás vicios pues por un momento estas sustancias los hacen reír y sentir sensaciones diferentes, también están aquellos que desarrollan virtudes y talentos, llegando a ser grandes ejemplos de superación, llenando estadios y coliseos, imponiendo modas, saliendo en todas las portadas de las revistas y estando en todos los medios de comunicación, sin embargo fuera de escenario, cuando nadie los ve o cuando no existe nadie para aplaudirlos, hablarles de una manera linda o cuando el efecto de aquella droga se termina, el vacío y la tristeza vuelven a llenar sus corazones.
Cuando vemos estas situaciones o peor aún cuando las vivimos en carne propia nos hacemos la pregunta ¿qué hacer para encontrar la verdadera felicidad?
Es que la felicidad no está dada por la cantidad de ceros que tenga nuestra cuenta bancaria o por la cantidad de amigos que nos rodeen, tampoco por la cantidad de veces que somos capaces de sonreír.
La felicidad real rige a partir del momento que una persona encuentra a su Creador, pues tener un encuentro con Dios significa encontrarse a sí mismo, tener la capacidad de encontrarle sentido a la vida aún en medio de las dificultades y no depender de nada ni de nadie para sonreír.
“Ciertamente volverán los redimidos del Señor... tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán” (Isaías 51:11)
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